España ante su primer examen

España ante su primer examen

Austria, un rival incómodo para medir las aspiraciones de La Selección española. Un examen para los de Luis de la Fuente.

Los torneos cambian de verdad cuando termina la fase de grupos. A partir de ahora ya no existe el margen de error: un mal partido significa hacer las maletas.

España afronta los dieciseisavos de final del Mundial con la pobre imagen ofrecida en esta fase, pero también con la certeza de que siendo la habitual, no hay rival que pueda hacerle daño. En frente, Austria, un rival que no posee el talento individual de otras grandes selecciones, pero sí una de las identidades colectivas más reconocibles del campeonato. Y eso la convierte en un adversario especialmente peligroso. 

Un equipo construido para incomodar 

La selección austriaca lleva años desarrollando un modelo muy definido bajo la dirección de Ralf Rangnick. Más que un entrenador, es uno de los grandes referentes de la escuela alemana moderna y uno de los principales impulsores del fútbol de presión organizada que posteriormente han perfeccionado técnicos como Jürgen Klopp o Thomas Tuchel. 

Su propuesta parte de una idea muy clara: recuperar el balón lo más cerca posible de la portería rival. Austria no espera, persigue. No concede tiempo para pensar, reduce espacios y obliga al adversario a tomar decisiones bajo una enorme presión. Cada pérdida del rival se convierte en una oportunidad inmediata para atacar. 

El resultado es un equipo intenso, muy físico y tremendamente agresivo sin balón, capaz de convertir cualquier error en una ocasión de peligro en apenas unos segundos. 

Un estilo que históricamente incomoda a España 

Si hay un tipo de rival que tradicionalmente ha generado dificultades a la selección española es precisamente este. 

España siempre se ha sentido cómoda cuando puede instalarse en campo contrario, monopolizar la posesión y marcar el ritmo del partido. Sin embargo, los equipos capaces de presionar muy arriba, imponer un elevado ritmo físico y convertir el encuentro en un intercambio constante de transiciones han conseguido, en numerosas ocasiones, sacar a La Roja de su zona de confort. 

No es una cuestión de calidad técnica, sino de contexto competitivo. 

Cuando el partido se acelera demasiado, los espacios se reducen y cada control se convierte en una batalla, el margen para construir desde atrás disminuye considerablemente.

La historia reciente del fútbol español ofrece varios ejemplos en los que selecciones de este perfil lograron neutralizar parte del juego combinativo español precisamente elevando la intensidad y castigando cada pérdida. 

Austria representa exactamente ese tipo de desafío. 

La clave estará en superar la primera presión 

Probablemente los primeros veinte minutos marcarán buena parte del encuentro. 

Austria intentará ahogar la salida de balón española desde el inicio, obligando a los centrales y centrocampistas a jugar rápido y con muy poco tiempo para decidir. Futbolistas como Konrad Laimer o Marcel Sabitzer son especialistas en este tipo de escenarios, capaces de recorrer enormes distancias manteniendo una intensidad constante durante todo el encuentro. Lo vimos claramente en su encuentro contra Argentina. 

España necesitará una circulación mucho más vertical de lo habitual. No bastará con acumular posesión; será imprescindible encontrar soluciones rápidas para superar la primera línea de presión. Y sobre todo no cometer errores en pases, pérdidas de balón o robos. 

Si Pedri, Rodri y los interiores consiguen girarse y conectar con los extremos, aparecerán espacios muy importantes a la espalda de la presión austriaca. Ahí jugadores como Lamine Yamal o Nico Williams pueden convertirse en el gran argumento ofensivo del equipo de Luis de la Fuente. 

Porque el riesgo del sistema de Rangnick es evidente: cuantos más hombres adelanta para recuperar el balón, mayores son los espacios que deja cuando esa presión es superada. 

Las debilidades también existen 

Aunque Austria ha dejado muy buenas sensaciones durante el torneo, también ha mostrado algunas fisuras. 

Su propuesta exige un desgaste físico enorme y no siempre consigue mantener el mismo nivel de intensidad durante los noventa minutos. Cuando la presión inicial pierde eficacia, el equipo suele sufrir mucho más en los repliegues defensivos, especialmente ante rivales capaces de mover el balón con velocidad. 

En varios encuentros recientes también ha evidenciado problemas para defender dentro del área y cierta fragilidad cuando los partidos entran en fases más caóticas, donde desaparecen los automatismos tácticos que tan bien ejecuta. 

Además, la ausencia de algunas piezas importantes reduce parte del potencial ofensivo de un bloque que depende en gran medida del funcionamiento colectivo más que de grandes individualidades. 

¿España llega preparada para el reto? 

La sensación que transmite esta selección española es diferente a la de otros campeonatos. 

El equipo ha aprendido a combinar el tradicional control del balón con una mayor verticalidad, mayor agresividad tras pérdida y una velocidad ofensiva que durante años había echado en falta. Ya no necesita monopolizar la posesión para sentirse dominante. 

Y un hándicap, el estado físico de muchos jugadores, muy por debajo de su habitual nivel. 

 

Si España consigue mantener la calma en los primeros minutos, evitar pérdidas comprometidas en la salida de balón y aprovechar los espacios que inevitablemente dejará la presión rival, tendrá muchas opciones de controlar el partido. 

Pero nadie debería esperar un encuentro cómodo. 

Austria representa, probablemente, el primer examen táctico de máxima exigencia para la selección española en este Mundial.

Un rival que obligará a La Roja a demostrar que no solo sabe jugar bien cuando tiene el balón, sino también competir cuando el partido se convierte en una batalla física, emocional y estratégica. 

Porque los Mundiales no siempre los ganan los equipos que mejor juegan. Muchas veces los conquistan quienes saben sobrevivir al día en que el rival no les deja jugar. 

 

 


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