Entre sombras y focos: el Sporting inicia otra película
Se acaba la temporada 2025/26. Y sinceramente, me cuesta encontrar una frase mejor para resumirla que esa tan simple y tan dura a la vez: sin pena ni gloria.
No ha sido una tragedia de esas que dejan cicatriz durante años. Tampoco una temporada emocionante de las que uno recuerda con orgullo dentro de una década. Ha sido algo peor en cierto modo: una campaña gris. Una de esas historias que parecen largas incluso antes de terminar. Como esas películas que no son malas… pero tampoco consiguen hacerte sentir nada.
Y eso, en el fútbol, es peligroso.
Durante muchos momentos del año tuve la sensación de estar viendo una especie de Lost in Translation futbolístico. Un equipo perdido entre ideas, mensajes y objetivos. Un Sporting que nunca terminó de encontrarse a sí mismo. Había partidos donde parecía asomar algo interesante, pequeños destellos, escenas sueltas que invitaban a creer. Pero justo cuando parecía arrancar la película… volvía el corte brusco, el silencio y la sensación de empezar otra vez desde cero.
Hubo tardes de resistencia, casi de supervivencia, dignas de Rocky. Otras fueron más parecidas a Memento: imposibles de entender, difíciles de explicar y aún más complicadas de recordar con claridad una semana después. El equipo parecía olvidar constantemente quién quería ser.
Y quizá eso fue lo más doloroso de todo: no reconocer una identidad clara.
Porque yo puedo aceptar perder. Puedo aceptar errores, malas rachas o temporadas complicadas. Lo que más cuesta aceptar es no saber qué estás viendo. No entender hacia dónde camina tu equipo. No sentir que existe una idea detrás del ruido.
El Molinón pasó demasiadas veces del murmullo a la resignación. Y cuando un estadio como ese deja de rugir para simplemente esperar que termine el partido, algo falla.
Por eso, cuando caiga el telón de esta temporada, sentiré algo parecido al final de esas películas donde no hay explosión final ni gran escena épica. Simplemente aparecen los créditos y piensas: “Bueno… ya está”.
Pero el fútbol, afortunadamente, siempre deja una escena postcréditos.
Y ahí aparece Nicolás Larcamón.
No sé cómo saldrá. Nadie lo sabe. El fútbol no trae garantías. Pero sí puedo decir algo: hacía tiempo que no veía llegar a Mareo un perfil que despertase tanta curiosidad. Hay algo diferente en su trayectoria, en su manera de entender el juego, en lo que transmiten sus equipos. Intensidad, personalidad, valentía. Conceptos que últimamente parecían demasiado lejanos del Sporting.
Y quizá por eso vuelvo a ilusionarme.
Porque el Sporting necesita algo más que fichajes o resultados. Necesita volver a tener alma futbolística. Necesita que cuando uno vea al equipo pueda reconocerlo inmediatamente. Que exista una identidad. Una manera de competir. Una historia que contar.
Siempre pensé que las mejores reconstrucciones empiezan después de tocar cierto vacío. Como en Batman Begins: primero llega la caída, luego la reconstrucción del símbolo.
Esta temporada deja más preguntas que respuestas. Pero por primera vez en mucho tiempo, tengo la sensación de que puede empezar algo distinto.
Y después de un año gris, honestamente, volver a sentir ilusión ya es un comienzo.
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