Cinco jornadas no bastan para juzgar una temporada, pero sí para detectar tendencias. Y este inicio de campeonato deja al Sporting de Gijón más preguntas que respuestas.
La clasificación todavía es provisional. Lo más difícil de esconder son las sensaciones que se repiten partido tras partido: cómo juega el Sporting, cómo ocupa el campo y cuánto rendimiento obtiene de sus futbolistas.
El problema no está solo en ganar, empatar o perder. También está en aprovechar las características de los jugadores y colocarlos en situaciones donde puedan ofrecer su mejor versión.
Da la sensación de que algunos futbolistas juegan lejos de su posición ideal, otros asumen funciones que no encajan con sus características y, en ocasiones, el sistema parece estar por encima de los propios jugadores.
El resultado es un Sporting poco reconocible.
Un equipo que pierde demasiado pronto el orden
Hay fases en las que el Sporting parece jugar como si cada futbolista disputara su propio partido. Se rompen las distancias entre líneas, se abandonan posiciones y aparecen espacios que el rival aprovecha con demasiada facilidad.
La libertad individual necesita una estructura colectiva que la sostenga. El Sporting puede presionar, adelantar líneas o modificar posiciones, pero no puede perder el orden cuando toca defender.
Entonces aparece el desconcierto: uno presiona sin compañía, otro abandona su zona para cubrir un agujero y otro llega tarde. El centro del campo se parte y el equipo termina corriendo de un lado para otro, intentando apagar incendios.
Y correr mucho no significa correr bien.
Defender empieza mucho antes del área
Defender debe ser responsabilidad de todo el equipo. También del delantero.
Si un futbolista presiona arriba, la segunda línea tiene que acompañarlo. Si el Sporting quiere recuperar en campo rival, debe hacerlo junto. Y si decide esperar más atrás, también necesita hacerlo como bloque.
Lo que no funciona es quedarse a medio camino.
El equipo necesita recuperar algo tan básico como las ayudas y los apoyos. El jugador que disputa un balón debe saber que tiene un compañero cerca. El que recibe de espaldas necesita una salida. El que pierde la pelota debe contar con alguien preparado para reaccionar.
El fútbol es colectivo. Y al Sporting se le están viendo demasiadas acciones individuales dentro de un juego que necesita funcionar como bloque.
El Sporting necesita atacar más y mejor
En ataque aparece otra sensación preocupante: falta decisión cerca del área.
El Sporting llega a posiciones ofensivas y, en demasiadas ocasiones, vuelve a mover el balón hacia un lado, hacia atrás y otra vez hacia el centro. Se busca el pase perfecto mientras el rival tiene tiempo para reorganizarse.
El balón circula, pero circular no siempre significa atacar.
La posesión debe servir para progresar, generar ventajas y terminar las jugadas. Si el equipo tiene el balón cerca del área rival pero no amenaza la portería, la posesión pierde buena parte de su sentido.
También falta verticalidad.
Hay demasiado pase horizontal, demasiada circulación de lado a lado y demasiadas jugadas que terminan con el balón de nuevo en campo propio.
El Sporting necesita romper líneas, jugar hacia delante, buscar desmarques, conducir, filtrar pases y, sobre todo, tirar.
No todos los ataques tienen que acabar en gol, pero sí deberían obligar al rival a defender.
Con balón, juegan los once
Otra imagen repetida es la del futbolista con balón demasiado solo.
Recibe, levanta la cabeza y no encuentra una opción clara. Conduce, vuelve a conducir y acaba jugando hacia atrás o con un compañero que tampoco tiene alternativas.
Faltan movimientos sin balón, apoyos, desmarques y líneas de pase.
Porque cuando un jugador tiene la pelota, los otros diez también están jugando.
Si recibe un lateral, alguien debe ofrecer una opción interior. Si el extremo tiene el balón, necesita una ayuda por detrás y otra por dentro. Si el delantero baja a recibir, alguien debe atacar el espacio que deja.
No basta con mirar al compañero que tiene la pelota. Hay que ayudarle.
La intensidad no se negocia
Quizá lo que más preocupa sea la manera de afrontar algunos partidos.
Un equipo puede equivocarse, perder o encontrarse con un rival superior. Lo difícil de aceptar es que durante determinados minutos parezca que el rival quiere ganar más que el Sporting.
La intensidad no consiste en correr sin sentido. Significa competir, disputar, concentrarse, reaccionar tras una pérdida, ayudar al compañero y ganar duelos.
Y eso debe aparecer desde el primer minuto, no solo cuando el partido se pone cuesta arriba.
El Sporting tiene que empezar los partidos como quiere terminarlos.
Cinco jornadas para corregir
Todavía queda muchísimo campeonato. Cinco jornadas no determinan una temporada, pero sí ofrecen señales que conviene atender.
Corregir no significa cambiar jugadores cada semana ni buscar constantemente un nuevo sistema. Significa conseguir que el Sporting de Gijón tenga una identidad reconocible.
Un equipo que sepa dónde colocarse, cuándo acelerar y cuándo esperar. Que presione junto, defienda junto y ataque junto. Que tenga verticalidad y busque la portería.
Y, por encima de cualquier sistema, que compita como un equipo.
Quizá el mayor problema del Sporting después de cinco jornadas no sea todavía su posición en la clasificación. El problema es que todavía cuesta reconocer a qué quiere jugar.
Y eso es lo que debería empezar a cambiar cuanto antes.
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