Girona me supo a Santander

Girona me supo a Santander

Hay partidos que, independientemente del resultado, dejan un sabor distinto por lo que suele venir después.

A nadie le gusta perder. Pero estaremos de acuerdo en que nunca queda la misma sensación cuando te pasan por encima que cuando ves a un equipo dispuesto a pelear hasta la última pelota del encuentro.

El pasado domingo, los jugadores del Sporting de Gijón se marcharon ovacionados del terreno de juego. Algunos aficionados del Girona e incluso los comentaristas televisivos observaban sorprendidos cómo el respetable local, pese al 0-2 que reflejaba el marcador, permanecía en las gradas para aplaudir a los suyos.

La escena resultó extraña y la unanimidad, impactante. Personalmente, me resultó imposible no pensar que la última vez que había sentido algo parecido en una derrota había sido durante aquel famoso año de Ramírez en el Sardinero.

Una derrota que también puede unir

Aquel día caímos 3-2 en un campo maldito para las generaciones más jóvenes de sportinguistas. El doblete de Gaspar no sirvió de nada y, pecando de valientes, nos marchamos de la capital vecina con las manos vacías.

Ramírez compareció en rueda de prensa abatido, algo poco habitual en él, pero lo que más caló aquella tarde fue el discurso que el técnico canario ofreció en el vestuario.

Con lágrimas en los ojos, agradeció el esfuerzo de sus jugadores y aquella imagen marcó el punto de partida de una idílica relación entre aquella plantilla y la grada de El Molinón.

Después llegaron aquellas tardes de locura en el feudo gijonés: el gol de Insúa al Zaragoza, alguna que otra remontada y aquel derbi en el que Nacho Méndez limpió las telarañas de la portería del fondo norte.

El Molinón vuelve a empujar

Esa sensación de unión se fue diluyendo con la marcha de Ramírez. Solo reapareció en momentos muy puntuales y casi siempre por las necesidades del club, no por lo que transmitían los protagonistas sobre el césped.

El pasado domingo, sin embargo, fue diferente.

El Girona se impuso en dos acciones que evidenciaron la calidad de sus atacantes, pero el Sporting de Larcamón hizo todo lo que estaba en su mano para llevarse los tres puntos. La pelota no quiso entrar y el castigo quizá resultó excesivo.

Aun así, hubo algo que no estuvo en discusión: el esfuerzo.

Nadie aplaudía por perder

Algunos utilizaron la reacción de la grada de El Molinón para hablar de mediocridad o incluso para ridiculizarla. Pero la respuesta del público nada tuvo que ver con conformarse con la derrota.

Fue, sencillamente, una muestra de identificación con lo visto sobre el terreno de juego y de satisfacción por marcharse a casa con la certeza de que todos los que vistieron la camiseta rojiblanca lo dieron todo para ganar.

Nadie aplaudía por perder. Se reconocía a los protagonistas por su actitud, como quien da una palmada en la espalda a un amigo que atraviesa un mal momento.

De las lágrimas de Ramírez a la emoción de Larcamón

Al volver al recuerdo de Santander, el paralelismo con las lágrimas de Ramírez en aquel vestuario lo encontré en el inicio de la rueda de prensa de Larcamón.

Antes de someterse a las preguntas de los periodistas, todavía emocionado por lo vivido y frustrado por la derrota, el técnico se dirigió a los aficionados para agradecerles aquella muestra de cariño.

Quizá sea el comienzo de un camino en el que todos vuelvan a empujar en la misma dirección.

El objetivo es seguir remando

Nadie sabe qué ocurrirá con el Eldense este domingo, pero hay algo evidente: la indiferencia que se respiraba otros años parece desterrada.

Mientras nuestro rival está pendiente de encontrar un entrenador y de saber si Leo Messi será su nuevo dueño, en Gijón la gente atraviesa uno de sus momentos de mayor unión de los últimos años.

El objetivo es único: conseguir los tres puntos y seguir remando.

Mientras haya esfuerzo, habrá una grada

El fútbol es caprichoso. Quizá volvamos a las andadas del Sabadell y el partido termine con una pitada.

Pero hay algo que todos deben tener presente cuando salten al césped: mientras den todo lo que esté en su mano por luchar cada balón y competir hasta el final, la grada estará ahí para reconocerlo.

Porque, como dijo el propio Larcamón en su charla de Tenerife, el esfuerzo es lo único que no se negocia. Y mucho menos en el Sporting de Gijón.

 


Descubre más desde Radio Sporting®

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja un comentario