España está en semifinales dieciséis años después, pero ante Francia no bastará con tener el balón.
España está en las semifinales del Mundial. Eso es lo más importante. La victoria ante Bélgica coloca a la Selección entre las cuatro mejores del mundo y a un solo partido de disputar una nueva final. Sin embargo, el resultado no debería ocultar una realidad: España sufrió mucho y volvió a mostrar algunos de los problemas que ya hemos visto en partidos anteriores.
Bélgica era un rival incómodo. Un equipo que juega abierto, que busca provocar el error, robar el balón y lanzar rápidamente el contraataque. Y lo consiguió en varias ocasiones.
Ante un equipo así, el partido pedía velocidad, verticalidad y una circulación mucho más rápida. Sin embargo, España regresó durante demasiados minutos a una posesión lenta y excesivamente horizontal. Mucho toque, muchos pases de seguridad y poca capacidad para acelerar el juego cuando aparecían los espacios.
Tener el balón no significa necesariamente dominar el partido. Se puede acumular posesión y, al mismo tiempo, no generar peligro. El problema aparece cuando la circulación carece de profundidad y permite al rival defender cómodamente mientras espera una pérdida para correr.
Y Bélgica quería exactamente eso.
Cada error español era una oportunidad para lanzar un contragolpe. España facilitó demasiado el planteamiento belga porque no fue suficientemente rápida en la circulación ni aprovechó los espacios que dejaba un rival que, precisamente por su manera de jugar, invitaba a ser atacado con mayor velocidad.
Si España hubiese jugado con más verticalidad y menos pases horizontales, probablemente el partido habría sido más sencillo.
El balón tiene que correr más que los jugadores
España tiene otro problema que debe corregir antes de enfrentarse a Francia: algunos futbolistas quieren tener demasiado tiempo el balón.
Reciben, conducen, buscan una acción individual, vuelven a conducir y terminan perdiendo una oportunidad de pase que estaba disponible unos segundos antes. En determinados momentos parece que importa más conservar personalmente la posesión que entregársela rápidamente a un compañero mejor colocado.
El fútbol de esta Selección funciona cuando el balón corre más rápido que los jugadores.
Control, pase y movimiento.
Cuando España juega así, es muy difícil defenderla. Pero cuando cada futbolista necesita varios toques antes de decidir, el equipo se vuelve más lento, más previsible y facilita la reorganización defensiva del rival.
Ante Bélgica volvimos a verlo.
Y contra Francia, ese tipo de pérdidas pueden ser letales.
Pedri y Lamine Yamal, lejos de su mejor versión
También hay que hablar de dos futbolistas fundamentales: Pedri y Lamine Yamal.
Ninguno atraviesa su mejor momento en este Mundial y ante Bélgica volvieron a estar lejos del nivel que sabemos que pueden ofrecer.
Yamal, como titular, no consiguió cambiar el partido. Lo intentó y buscó situaciones individuales, pero estuvo impreciso, con menos capacidad de desequilibrio de la habitual, y unos centros horribles.
Pedri, entrando en la segunda parte, tampoco consiguió dominar el partido desde el centro del campo ni encontrar la continuidad necesaria para acelerar el juego. Tiene calidad de sobra para ser determinante, pero España necesita recuperar su capacidad para recibir, girarse y hacer avanzar al equipo.
España necesita recuperar a ambos porque, para ganar un Mundial, tus mejores jugadores tienen que aparecer en los partidos decisivos. Y el próximo será el más exigente de todos.
Dani Olmo sigue siendo imprescindible
Quien volvió a demostrar su importancia fue Dani Olmo.
Hay jugadores que pueden estar varios minutos sin participar demasiado y, de repente, encontrar el espacio que nadie había visto. Olmo es uno de ellos.
Su capacidad para moverse entre líneas es fundamental. Es uno de los futbolistas que mejor interpreta los espacios en tres cuartos de campo y uno de los pocos capaces de recibir entre centrocampistas y defensas, girarse y encontrar un pase peligroso.
Cuando el partido se atasca, Olmo ofrece algo diferente.
No necesita tocar constantemente el balón para influir en el juego. Sabe aparecer en el espacio correcto y generar ventajas donde aparentemente no las hay. En partidos cerrados como el de Bélgica, esa capacidad tiene un valor enorme.
Oyarzabal, desaparecido en ataque
Mucho más discreto fue el partido de Oyarzabal. El delantero apenas tuvo presencia ofensiva y, durante demasiados minutos, España atacó sin una referencia clara dentro del área. España necesita más presencia en el área, especialmente cuando juega contra selecciones que obligan a atacar desde posiciones exteriores.
Mikel Merino, otra vez el salvador
Y entonces apareció Mikel Merino. Minuto 89.
Cuando el partido parecía condenado a una prórroga llena de incertidumbre, Merino volvió a aparecer para marcar el gol de la victoria y colocar a España en semifinales.
No es la primera vez que aparece en un momento decisivo. Tiene una capacidad especial para llegar desde segunda línea, interpretar dónde puede aparecer el balón y encontrar espacios en el área.
La recuperación de Nico Williams
Otra de las buenas noticias fue ver nuevamente a Nico Williams.
Jugó pocos minutos, pero fueron suficientes para comprobar que salió enchufado, con ganas de encarar y atacar el espacio. Su presencia cambió la sensación de la banda y generó peligro.
Nico tiene algo que España necesitará ante Francia: verticalidad.
Es un jugador que recibe y piensa inmediatamente en avanzar. Ataca al lateral, obliga a las defensas a retroceder y genera espacios para sus compañeros. Si consigue recuperar su mejor nivel físico, puede convertirse en una pieza fundamental en semifinales.
Francia-España: el partido que todo el mundo esperába
Y ahora llega el gran partido del Mundial: Francia-España.
Dos selecciones con estilos diferentes, pero con argumentos suficientes para ser campeonas. Francia parte posiblemente como favorita. Tiene una plantilla extraordinaria y sus jugadores están llegando al momento decisivo del torneo muy enchufados.
Además, posee algo que obliga a mantener la concentración durante los noventa minutos: una capacidad brutal para convertir una recuperación en una ocasión de gol en cuestión de segundos.
Con Mbappé, Olisé y Dembelé, una pérdida puede convertirse inmediatamente en una carrera hacia la portería española.
Ese será el gran peligro.
España tiene argumentos para hacerlo, aunque necesitará una versión diferente a la mostrada durante buena parte del partido ante Bélgica.
Hay que tener el balón, sí. Pero hay que tenerlo para hacer daño. España deberá circular rápido, jugar con verticalidad, encontrar a Olmo y al resto de jugadores entre líneas y aprovechar los espacios antes de que Francia pueda reorganizarse. No podemos permitirnos posesiones eternas y horizontales que terminen en pérdidas peligrosas.
España está a un partido de la final del Mundial. Ha llegado hasta aquí con talento, carácter y capacidad para sobrevivir en momentos difíciles.
Ahora llega el examen definitivo.
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