España golpea al final en un duelo de gigantes

España golpea al final en un duelo de gigantes

España golpea al final en un duelo de gigantes y ya espera Bélgica.

España ya está en cuartos de final. Y lo está después de superar por 1-0 a Portugal en un partido tremendamente igualado, táctico y disputado, decidido con un gol de Mikel Merino en el minuto 91, cuando todo parecía encaminado hacia la prórroga. 

Un encuentro que confirmó algo que muchos ya pensábamos antes de que comenzara: probablemente estábamos ante dos de las mejores selecciones del mundo en este momento. 

España y Portugal se conocen perfectamente. Se respetan. Y quizá se respetaron demasiado durante buena parte de los 90 minutos. 

Desde el inicio quedó claro que ninguno quería cometer el primer error. Ambas selecciones parecían más preocupadas por no recibir un gol que por lanzarse definitivamente a buscarlo. Porque en partidos tan igualados existe una sensación que va creciendo con el paso de los minutos: quien marque primero, probablemente se lleva el partido. 

Y así fue. 

Mucha táctica, mucho centro del campo y pocas áreas 

El partido se jugó fundamentalmente en el centro del campo. 

Hubo presión, disputas, robos de balón, pérdidas e imprecisiones constantes. Ninguna de las dos selecciones consiguió imponer completamente su fútbol durante largos periodos y la posesión cambiaba de dueño con enorme rapidez. 

Fue un encuentro con muchos errores en el pase por parte de ambos equipos, aunque no necesariamente por falta de calidad. La presión del rival, el miedo a perder el balón en zonas comprometidas y la enorme igualdad provocaron un partido de mucha tensión táctica y pocas concesiones. 

Las llegadas a las áreas fueron relativamente escasas y los porteros apenas tuvieron trabajo. Quizá algo más el guardameta portugués, porque España, en el cómputo global, generó más ocasiones y tuvo una mayor intención ofensiva. 

Sin embargo, durante muchos minutos faltó claridad en los últimos metros. España encontraba algunos espacios, pero le costaba transformar su dominio en ocasiones realmente claras. 

Dani Olmo, una pieza indispensable 

Si hay un jugador que cada día parece más importante en esta selección es Dani Olmo. 

Su capacidad para recibir entre líneas, girarse y acelerar el juego aporta algo diferente al ataque español. Cuando el partido está cerrado y los espacios desaparecen, es uno de los futbolistas capaces de encontrar soluciones distintas. 

Olmo interpreta perfectamente cuándo debe acelerar, cuándo asociarse y cuándo aparecer cerca del área. En una selección con muchísimo talento ofensivo, esa inteligencia táctica le convierte, ahora mismo, en una pieza indispensable. 

España necesita jugadores capaces de desequilibrar, pero también futbolistas capaces de interpretar el partido. Y Olmo hace ambas cosas. 

Nuno Mendes vuelve a frenar a Lamine Yamal 

Otro de los grandes duelos del partido estuvo en la banda derecha. Mientras Nuno Mendes estuvo sobre el terreno de juego, Lamine Yamal apenas consiguió desequilibrar. El lateral portugués parece haber encontrado la manera de defender al extremo español: le conoce, anticipa sus movimientos y consigue llevarle hacia zonas donde resulta mucho menos peligroso. 

La sensación es que Nuno Mendes le tiene completamente tomada la medida y que, cada vez que se enfrentan, consigue incluso desmoralizarle. 

Hasta la lesión del lateral portugués no volvimos a ver una versión algo más reconocible de Lamine Yamal. A partir de ese momento encontró más espacios, comenzó a encarar con mayor libertad y apareció algo más ese futbolista eléctrico, atrevido y desequilibrante que todos queremos ver. 

Un partido difícil para Pedri 

No fue el mejor partido de Pedri. El centrocampista estuvo bastante desaparecido durante muchos minutos y cometió errores poco habituales en él, especialmente en algunas entregas y pérdidas en zonas donde España necesitaba asegurar la posesión. 

En un encuentro tan táctico y cerrado, España necesitaba que Pedri tuviera mayor protagonismo. Necesitaba su capacidad para ordenar, dar continuidad al juego y conectar el centro del campo con los jugadores ofensivos. 

Pero nunca terminó de entrar realmente en el partido. Y España lo notó. 

Porque cuando Pedri está bien, la selección juega a otro ritmo. Cuando no aparece, el equipo tiene más dificultades para encontrar claridad entre líneas. 

Un solo gol decidiría todo 

A medida que avanzaba el partido, la sensación era cada vez más evidente: esto lo iba a decidir un gol. 

Los dos equipos lo sabían y, probablemente por eso, aumentaban las precauciones. Portugal conocía perfectamente el peligro de España si dejaba espacios y España también era consciente de la capacidad portuguesa para castigar cualquier error. 

El partido entró en esa fase en la que cada pérdida podía ser decisiva, cada transición generaba tensión y cada balón parado adquiría una importancia enorme. 

España había generado algo más. Había buscado algo más. Pero el gol no llegaba. 

Hasta el minuto 91. Entonces apareció el premio. 

Un gol tardío, protagonizado por dos jugadores que habían salido al césped minutos antes (Ferrán y Merino), celebrado con toda la rabia acumulada durante un encuentro de enorme tensión y que, por las ocasiones generadas y por la mayor intención ofensiva mostrada, puede considerarse merecido. 

España buscó más el partido y terminó encontrando la recompensa. 

La gestión de los cambios, otra vez a debate 

La nota crítica vuelve a estar, desde mi punto de vista, en la gestión de los cambios. 

Da la impresión de que el seleccionador espera demasiado para introducir piernas frescas en partidos de tanta exigencia física. Cuando el encuentro empieza a pedir nuevas energías, las sustituciones llegan tarde y el equipo pierde la oportunidad de aprovechar ese impulso durante más minutos. 

En partidos tan igualados, un futbolista fresco durante veinte o veinticinco minutos puede cambiar completamente el escenario. 

Especialmente difícil de comprender resultó el cambio realizado en el minuto 96, prácticamente con el tiempo cumplido y apenas unos segundos antes del final. 

¿Qué podía aportar realmente esa sustitución? Más que ayudar al equipo, el cambio terminó provocando que el árbitro prolongara todavía más el encuentro. Un tiempo extra innecesario que pudo costarnos muy caro. 

Portugal dispuso de una última jugada y de una peligrosa acción a balón parado que generó una enorme incertidumbre. Después de controlar el partido y estar por delante en el marcador, España estuvo cerca de complicarse la clasificación en unos minutos finales que se hicieron demasiado largos. 

Los cambios deben servir para mejorar al equipo, modificar un partido o aportar energía. Hacer una sustitución cuando quedan apenas treinta segundos y estás ganando un partido eliminatorio puede terminar teniendo exactamente el efecto contrario al que buscas. 

Afortunadamente, esta vez no hubo que lamentarlo. 

Las grandes estrellas todavía tienen que aparecer 

España vuelve a tropezar contra sí misma

España está en cuartos de final y quizá una de las mejores noticias es que algunas de sus grandes estrellas todavía no han aparecido en este Mundial con toda la fuerza que se espera de ellas. 

Jugadores llamados a marcar diferencias aún tienen margen para ofrecer mucho más. 

España está avanzando, compitiendo y ganando partidos sin que algunos de sus futbolistas más determinantes hayan mostrado todavía su mejor versión. 

Y eso también puede interpretarse como una oportunidad. 

Porque si España quiere llegar hasta el final todavía quedan tres partidos. Tres finales. 

Esperemos que sea precisamente ahora, cuando el margen de error desaparece y la exigencia aumenta, cuando aparezcan los grandes jugadores. Esos futbolistas capaces de decidir un partido con una acción, un pase, un regate o un gol. 

Los grandes torneos suelen terminar teniendo nombres propios. Jugadores que aparecen cuando más pesa el balón y cuando cada decisión puede cambiar la historia de un campeonato. 

España los tiene. Ahora falta que aparezcan. 

Bélgica espera en cuartos de final 

Y ya conocemos al rival: Bélgica. 

La selección belga, tras una fase de grupos muy discreta, eliminó con rabia a la anfitriona, Estados Unidos, con un contundente 1-4 y llegará al partido de cuartos de final cargada de confianza. 

Será otro encuentro de máxima exigencia ante una selección con talento, físico y futbolistas capaces de decidir un partido en cualquier momento. 

España ya está entre las ocho mejores selecciones del mundo. 

Quedan tres partidos. Tres pasos. Tres finales.


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