Hay algo que sí se le puede reconocer a José Riestra, presidente del Sporting. Al menos, al término de la temporada comparece públicamente para hacer balance del curso. En tiempos donde muchos dirigentes se esconden cuando las cosas van mal, dar la cara siempre es positivo.
El problema es que, después de una hora de rueda de prensa, la sensación que queda es que se ha hablado mucho para no decir prácticamente nada. Y, sobre todo, para no asumir ninguna responsabilidad propia. Porque si alguien ha sido el máximo responsable de la planificación deportiva de las últimas cuatro temporadas, ese ha sido precisamente él, como varias veces ha reconocido.
Lo primero que llamó la atención fue el reiterado mensaje sobre la necesidad de estar todos unidos. Un mensaje que, en teoría, nadie puede rechazar. El problema es que no parece que estén pidiendo unidad en torno al Sporting, sino unidad en torno a ellos y a su gestión.
Y eso no es lo mismo.
Yo puedo amar al Sporting, defender al Sporting y querer lo mejor para el Sporting mientras discrepo profundamente de quienes lo gestionan. Puedo pensar que se están equivocando y seguir deseando que el equipo gane cada domingo. Una cosa es la unión y otra muy distinta el seguidismo.
Da la sensación de que cualquier crítica es interpretada como un ataque al club, cuando en realidad muchas veces es precisamente lo contrario: una muestra de preocupación por el rumbo que está tomando.
Porque el Sporting existía antes de Orlegi y seguirá existiendo después de Orlegi.
Resulta llamativo, además, que el aficionado vuelva a convertirse en protagonista justo en la víspera de una nueva campaña de abonados. Porque del sportinguismo se acuerdan especialmente cuando toca pasar por caja. Y no parece descabellado pensar que, después del decepcionante final de temporada y del creciente desencanto de una parte importante de la afición, el número de abonados pueda resentirse respecto al curso anterior.
En cuanto a la planificación deportiva, el discurso vuelve a sonar demasiado familiar.
- Se habla de ascenso.
- Se habla de ambición.
- Se habla de competir por todo.
Pero luego llega el mercado y la realidad suele ser otra.
Porque si realmente el objetivo es ascender, hay que construir una plantilla preparada para ascender. Y eso implica invertir. No basta con acumular jugadores que llegan a coste cero, futbolistas cedidos o apuestas que vienen de temporadas con poca participación o problemas físicos.
Los equipos que han conseguido crecer en los últimos años han reforzado de verdad sus plantillas. Ahí están los ejemplos de Racing, Deportivo o Málaga, entre otros. Equipos que han entendido que para exigir objetivos ambiciosos primero hay que ofrecer herramientas ambiciosas.
No se puede pedir rendimiento de Primera con inversión de supervivencia.
Otro aspecto preocupante es la elección del entrenador. Durante la comparecencia se dejó entrever que hubo otros técnicos que no terminaron de convencer o que tenían dudas respecto al proyecto. Y quizás la pregunta sea precisamente por qué tenían dudas.
A lo mejor porque algunos entrenadores fueron realistas. Porque analizaron la plantilla actual, escucharon el plan deportivo previsto y concluyeron que el objetivo del ascenso no era tan sencillo como se estaba vendiendo.
Finalmente se apostó por un técnico que parece encajar perfectamente con el discurso oficial. Un entrenador que difícilmente cuestionará públicamente la planificación o las decisiones de quienes lo han elegido.
Y eso puede ser cómodo para los despachos, pero no necesariamente es lo mejor para el Sporting.
Tampoco hubo espacio para la autocrítica. La responsabilidad recayó sobre jugadores que no rindieron como se esperaba. Se deslizó alguna crítica hacia aspectos deportivos. Pero prácticamente nada sobre quienes diseñaron la plantilla.
Es más, resulta sorprendente escuchar referencias a jugadores como Caicedo por su rendimiento posterior en otros contextos futbolísticos. Porque eso es un argumento profundamente ventajista.
No hablamos del mismo equipo, ni del mismo país, ni de la misma competición, ni de las mismas circunstancias. Lo que cuenta es lo que ocurrió en Gijón. Y lo que ocurrió es que durante estos años han llegado demasiados fichajes que terminaron siendo apuestas fallidas.
Esa es la realidad.
Y aquí llegamos a la declaración más importante de toda la comparecencia. Riestra afirmó que el objetivo del Sporting para la próxima temporada es el ascenso y que, si no se consigue, él será el máximo responsable.
Perfecto. Pues entonces habrá que tomarle la palabra.
Porque en cualquier organización seria, cuando alguien se declara máximo responsable de un fracaso, también debe asumir las consecuencias del mismo.
Por eso, si dentro de un año el Sporting no logra el ascenso, espero que Riestra presente su dimisión al día siguiente y se desvincule de cualquier responsabilidad en la gestión del club.
No porque nadie le tenga manía. No porque exista una campaña contra él. Simplemente porque sería coherente con sus propias palabras.
Y ojalá me equivoque. De verdad.
Ojalá dentro de un año el Sporting esté celebrando el ascenso y quienes hoy somos críticos tengamos que reconocer públicamente nuestro error.
Sería la mejor noticia posible para todos los sportinguistas.
Pero después de cuatro temporadas escuchando promesas similares, cuesta creer que esta vez vaya a ser diferente.
Por eso el titular sigue pareciendo el más adecuado: Mismo perro con diferente collar.
Porque si algo han demostrado estos cuatro años no es solo la incapacidad para alcanzar los objetivos deportivos. Han demostrado, sobre todo, que no entienden cómo se gestiona un club de fútbol en España.
- No entienden la categoría.
- No entienden el mercado.
- No entienden la importancia de una dirección deportiva sólida.
- No entienden la necesidad de tener una red de seguimiento de jugadores, una secretaría técnica profesionalizada y personas que recorran campos cada fin de semana viendo fútbol, conociendo futbolistas y anticipándose a la competencia.
Han querido gestionar el Sporting desde hojas de cálculo, informes y modelos corporativos, cuando el fútbol sigue siendo un negocio de personas, conocimiento, experiencia y toma de decisiones deportivas.
Y cuatro años después, los resultados están ahí para quien quiera verlos.
Por eso ha llegado el momento de tomar una decisión. O cambian radicalmente su forma de trabajar y se rodean de profesionales que conozcan el fútbol español de verdad, que sepan construir plantillas competitivas, que conozcan la categoría y que aporten una visión deportiva real al proyecto.
O deberían plantearse seriamente vender el Sporting y dar un paso al lado.
Porque el Sporting no necesita propietarios que vengan a experimentar. Necesita propietarios que sepan hacia dónde quieren llevar el club. Propietarios capaces de construir un proyecto ganador. Un proyecto estable. Un proyecto a largo plazo.
Un proyecto que tenga como prioridad el crecimiento deportivo y no únicamente la gestión empresarial.
Y para conseguirlo hace falta algo muy sencillo: invertir cuando sea necesario y rodearse de gente que realmente sepa de fútbol.
Porque después de cuatro años, ya no estamos ante un problema de adaptación. Estamos ante una evidencia. Y la evidencia es que el modelo actual no está funcionando.
Por eso, si dentro de un año no se consigue el ascenso que hoy prometen, no bastará con otra rueda de prensa, ni con otro mensaje de unidad, ni con otro discurso cargado de buenas intenciones.
Será el momento de asumir responsabilidades. Las de verdad. Las que van más allá de las palabras. Las que se demuestran con hechos.
Porque el Sporting merece mucho más que seguir viviendo cada verano la misma historia.
Aunque le cambien el collar.
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