No es solo fútbol
En la vida, cómo en el fútbol, también hay derrotas. La diferencia está en que cada jornada puedes borrar el pasado.
El Real Sporting de Gijón no es solo un equipo. Para algunos, es un hilo invisible que une recuerdos, voces y abrazos que ya no están.
Hay quien aprendió a querer al Sporting de la mano de su padre, escuchando los partidos por la radio en la cocina o caminando juntos hacia Estadio El Molinón – Enrique Castro Quini.
Hay quien celebró goles abrazado a su madre en el sofá.
Y hay hermanos que discutían por una alineación, pero gritaban juntos cada gol.
Cuando la vida golpea y esas personas se van, el fútbol cambia de significado. Cada partido deja de ser solo fútbol. Es memoria. Es conversación silenciosa con quienes ya no pueden verlo.
Hoy miro al campo y siento que no estoy solo.
Porque en cada gol del Sporting escucho la voz de mi padre.
En cada victoria recuerdo la sonrisa de mi madre.
Y en cada derbi imagino a mi hermano gritándolo conmigo.
El Sporting sigue jugando…
pero también siguen viviendo en él todos esos momentos que compartimos.
Porque el Sporting no se hereda solo… se comparte para siempre. ❤️🤍
Un recuerdo que vuelve cada partido
Hoy se cumplen seis meses desde que recibí la llamada más dura de mi vida: la noticia del fallecimiento de mi hermano. Fue un golpe imposible de explicar, que llegó apenas dos meses después de despedir a mi padre y solo un año después de perder también a mi madre.
Los tres tenían algo en común que iba mucho más allá de la familia: eran del Sporting. Del Sporting de verdad. Del que se sufre, del que se defiende y del que se lleva dentro toda la vida.
Recuerdo una tarde cualquiera, de esas que entonces parecían normales y ahora valen un tesoro. Estábamos viendo un partido del Sporting en casa. Mi padre protestaba cada decisión del árbitro como si pudiera oírle desde el campo. Mi madre, que siempre decía que no entendía mucho de fútbol, era la primera en levantarse del sofá cuando había una ocasión clara. Y mi hermano y yo discutíamos por todo: por la alineación, por un cambio, por si había que apretar más arriba o no.
Llegó un gol del Sporting y, como tantas veces, acabamos los cuatro abrazados en el salón, gritando como si estuviéramos en la grada de Estadio El Molinón – Enrique Castro Quini.
En aquel momento era solo un gol.
Hoy entiendo que era mucho más: era un momento de vida que se quedaría conmigo para siempre.
Ahora veo los partidos de otra manera. Cuando juega el Real Sporting de Gijón, inevitablemente pienso en ellos. Imagino los comentarios de mi padre, la mirada cómplice de mi madre y la voz de mi hermano celebrando cada gol.
Y entonces me doy cuenta de algo: aunque ya no estén en el sofá, siguen estando en cada partido.
Porque hay cosas que la vida no puede quitar.
Y una de ellas es lo que se siente por el Sporting… cuando lo aprendiste en familia. ❤️🤍
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