Quedan escasos días para que finalice el mercado de invierno y, una vez más, el Sporting de Gijón llega a la recta final sin haber hecho los deberes.
Los gestores del llamado “método que funciona” solo han sido capaces, hasta el momento, de incorporar a un único jugador que se encontraba libre, un balance tan pobre como preocupante para un equipo que necesitaba reforzarse de manera urgente.
El Sporting atraviesa una crisis que ya no puede ocultarse tras clasificaciones discretas, discursos vacíos o promesas de futuro que nunca llegan. No es una crisis puntual ni exclusivamente deportiva. Es una crisis de gestión, especialmente visible en la política de fichajes, que se ha convertido en el mejor reflejo de la desconexión entre los dirigentes del club y la realidad del fútbol español actual.
Hoy el Sporting no solo es incapaz de atraer fichajes ilusionantes; es que ya ni siquiera compite en igualdad de condiciones con otros clubes de su misma categoría para captar talento joven o jugadores procedentes de categorías inferiores. Equipos con menos historia, menos masa social y, en muchos casos, menos presupuesto, adelantan al Sporting por la derecha en el mercado sin demasiadas dificultades.
Uno de los síntomas más preocupantes es la incapacidad para cerrar cesiones interesantes. En un fútbol de Segunda División donde las cesiones bien trabajadas marcan la diferencia, el Sporting parece fuera de juego.
No hay relaciones sólidas con clubes de Primera, no hay proyectos deportivos atractivos para jóvenes talentos y, sobre todo, no hay una imagen de club que transmita crecimiento, ambición o estabilidad.
A esta situación se suma el escaso trabajo de scouting, observación y seguimiento de jugadores, personificado en la ausencia de las figuras de ojeadores y en la pasividad de los gestores deportivos. Da la sensación de que no se ven partidos del fútbol español más allá de los del propio Sporting, siempre los mismos desplazamientos, los mismos escenarios, las mismas referencias y agencias de representación “de confianza”.
Mientras otros clubes rastrean campos de Primera Federación, Segunda RFEF o incluso fútbol base con presencia constante y planificación, en el Sporting parece no existir una cultura real de observación, seguimiento y detección de talento nacional.
Pero lo más preocupante es que los responsables directos de esta deriva deportiva no solo continúan (previo cambio de despacho, eso si, sin asumir consecuencias ni rendir cuentas por los errores acumulados.
Lejos de producirse una renovación en la estructura deportiva, algunos de los protagonistas de esta gestión fallida incluso han sido ascendidos, enviando un mensaje desalentador: en el Sporting, el fracaso no penaliza, se premia.
El resultado es un mercado nacional mal utilizado y peor interpretado. Mientras otros equipos exploran con inteligencia perfiles en crecimiento, el Sporting se limita a incorporar jugadores que generan más dudas que ilusión. Futbolistas que llegan como “apuestas”, “experimentos” o directamente con descartes de otros clubes, jugadores sin sitio en sus equipos de origen que aquí se presentan como soluciones.
No se trata de acertar siempre (eso es imposible), sino de tener una idea clara, una estrategia reconocible y coherente con la historia y las aspiraciones del club. Y sobre todo, de TRABAJO CONTINUO. Y eso es precisamente lo que no se percibe. Cada mercado parece improvisado, reactivo, sin una línea deportiva definida y sin un proyecto que seduzca al jugador… ni al aficionado.
La afición del Sporting, una de las más fieles y exigentes del fútbol español, ya no pide fichajes “bomba”.
- Pide sentido común, ambición y respeto.
- Pide competir, no resignarse.
- Pide que el club deje de actuar como un actor menor cuando su historia, su estadio y su masa social le obligan a pensar en grande.
Mientras los gestores sigan conformándose con traer lo que otros no quieren, mientras el Sporting no sea capaz de adelantarse, convencer y construir, la sensación será siempre la misma: un club enorme dirigido con mentalidad pequeña. Y sin ilusión, en Gijón, no hay proyecto que sobreviva.
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