Cada verano el Real Sporting lanza su campaña de abonados con el mismo objetivo: Renovar la confianza de una afición que nunca falla.
Y es que cada verano ocurre lo mismo: miles de sportinguistas vuelven a pasar por caja antes incluso de saber cuál será el equipo que defenderá el escudo sobre el césped.
Pero quizás ha llegado el momento de que el club empiece a preguntarse qué más puede hacer por esos aficionados que llevan años demostrando una fidelidad inquebrantable.
Porque el Sporting puede presumir de muchas cosas, pero pocas tan valiosas como una masa social que sigue llenando El Molinón temporada tras temporada, incluso después de una década en Segunda División y con escasas alegrías deportivas.
La fidelidad también merece recompensa
Uno de los grandes errores que cometen muchos clubes es dar por hecho que sus abonados van a estar ahí pase lo que pase. Y en el caso del Sporting, la realidad es que la afición ha demostrado una paciencia infinita.
Por eso sorprende que año tras año las campañas de abonados se limiten prácticamente a ofrecer la renovación de siempre, con pequeños incentivos y descuentos puntuales.
Existen fórmulas mucho más ambiciosas.
Varios clubes de Segunda División han prometido en los últimos años que, si conseguían el ascenso a Primera División, sus abonados disfrutarían de la siguiente temporada de manera gratuita o con importantes bonificaciones.
Lo hicieron clubes como el Real Valladolid, el Levante UD, el RCD Mallorca, el Girona FC o el CF Fuenlabrada. Incluso el propio Sporting ya utilizó una medida similar durante la campaña posterior a la pandemia.
¿Por qué no volver a hacerlo?
Imaginemos el mensaje: «Si el Sporting asciende a Primera División, tu abono de la temporada siguiente será gratuito.»
Pocas campañas generarían tanta ilusión y tanto compromiso entre club y afición. Sería una forma de compartir el objetivo del ascenso entre todos.
Si el club gana, gana también el abonado.
Una bufanda para cada sportinguista
Hay otra propuesta que llevo defendiendo desde hace años: Cada abonado debería recibir una bufanda oficial del Sporting junto con su carnet.
No como un producto opcional. No como una promoción puntual. Como parte del propio abono. Un regalo.
La imagen de un estadio completamente cubierto por miles de bufandas rojiblancas es una de las imágenes más potentes que puede ofrecer cualquier club de fútbol.
No todas las familias pueden renovar merchandising cada temporada. No todos los aficionados tienen una bufanda actualizada.
Pero si cada socio recibiese una junto a su carnet, el Sporting conseguiría algo mucho más importante que el coste de esa inversión: identidad visual, sentimiento de pertenencia y una imagen espectacular en cada partido.
La Mareona no es sólo una afición. Es una marca. Y las marcas también se construyen desde los pequeños detalles.
Abonos de Primera para una clasificación de Segunda
Otro debate que inevitablemente aparece cada verano es el precio de los abonos.
Es cierto que mantener un club profesional tiene costes cada vez mayores. También es cierto que el Sporting sigue teniendo una de las masas sociales más importantes de la categoría.
Pero la pregunta es inevitable: ¿Está recibiendo el aficionado un producto acorde a lo que paga?
Porque la sensación de muchos sportinguistas es que los precios de los abonos se acercan cada vez más a los de clubes de Primera División mientras el rendimiento deportivo sigue instalado en una zona media de Segunda.
La exigencia debe ser compartida.
Si la afición responde como una afición de Primera, el club también debe aspirar a ofrecer resultados de Primera.
Y cuando eso no ocurre durante años, es lógico que una parte de la masa social pida una política de precios más ajustada a la realidad deportiva del equipo.
Abonarse a ciegas
Existe además una circunstancia que se repite campaña tras campaña.
El Sporting pide a sus aficionados que renueven su confianza antes de conocer realmente qué plantilla competirá durante la temporada.
La campaña de abonados suele comenzar cuando el mercado de fichajes apenas ha arrancado y cuando todavía se desconocen las incorporaciones que llegarán al equipo.
En la práctica, la mayoría de los aficionados se abonan a ciegas.
Sería deseable que el club aprovechara la campaña para presentar al menos algunas de las operaciones estratégicas sobre las que trabaja, transmitir una hoja de ruta clara o incluso anunciar incorporaciones durante el periodo de renovación.
No se trata de vender humo. Se trata de ofrecer certezas.
Y si por cuestiones de mercado eso no es posible, la alternativa parece sencilla: ampliar los plazos de renovación para que los aficionados puedan decidir con más información.
Porque renovar un abono es mucho más que comprar una entrada para ver fútbol.
Es una inversión emocional. Y merece ser tratada como tal.
Cuidar a la Mareona es la mejor inversión
Los dirigentes pasan. Los entrenadores pasan. Los jugadores pasan. La afición permanece.
Por eso cualquier proyecto que aspire a devolver al Sporting al lugar que merece debe entender una realidad básica: cuidar a la Mareona no es un gasto, es una inversión.
Premiar la fidelidad con incentivos reales, regalar una bufanda que unifique el estadio, ajustar los precios a la realidad deportiva y ofrecer más información durante las campañas de renovación son medidas que acercan al club a su gente.
Le lanzo un órdago al presidente ejecutivo del Sporting, que serviría para medir hasta qué punto el club cree realmente en el proyecto que está construyendo. Si está tan convencido de la solidez del proyecto, si tiene tanta confianza en el entrenador, en la plantilla que van a confeccionar y en que el objetivo es pelear de verdad por el ascenso, dé un paso al frente. Jueguesela. Anuncie que todos los abonados que renueven su carnet y todos los nuevos socios que se sumen durante esta campaña tendrán gratis su abono de la próxima temporada si el Sporting logra regresar a Primera División. No sería una ocurrencia inédita; como dije anteriormente otros clubes ya han utilizado fórmulas similares para premiar la fidelidad de sus aficionados. Sería una declaración de intenciones, una muestra de confianza en el trabajo que se está realizando y, sobre todo, una forma de trasladar a la afición que el club está dispuesto a asumir los mismos riesgos y compartir las mismas ilusiones que lleva años asumiendo la Mareona.
Porque el Sporting tiene muchas fortalezas.
Pero ninguna tan poderosa como esos miles de aficionados que siguen llenando El Molinón cada quince días.
Y a quienes nunca debería darse por garantizados.
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