Crónica de un divorcio

Crónica de un divorcio

La historia ya está escrita. Solo faltaba ordenar las piezas para entender cómo se llegó hasta aquí.

Porque lo ocurrido entre el Real Sporting de Gijón y Borja Jiménez no es una decisión repentina, ni una reacción improvisada tras los malos resultados. Es el desenlace de semanas de desgaste, silencios calculados y discursos preparados para intentar maquillar una ruptura que llevaba tiempo cocinándose.

Todo comienza hace varias semanas, cuando el técnico recibe una oferta importante, una de esas propuestas que obligan a replantearse el futuro. Una oferta con condiciones económicas superiores y con un plazo claro para tomar una decisión. Ahí empieza realmente la historia.

Mientras públicamente se seguía vendiendo el mensaje de “todavía es posible” y de que el equipo iba a pelear hasta el final por el objetivo, la realidad interna era otra. La idea de salir ya rondaba en la cabeza del entrenador. Y eso, inevitablemente, condiciona. Porque es imposible mantener intacto el nivel de convicción cuando tu mente ya empieza a mirar hacia otro sitio.

Paradójicamente, durante ese tiempo, Borja seguía participando en reuniones de planificación deportiva pensando en la próxima temporada. O al menos aparentándolo. El discurso externo seguía siendo de compromiso absoluto, aunque internamente el escenario empezaba a cambiar.

La decisión final no llega exclusivamente por la planificación deportiva futura. Quedan meses para construir una plantilla y cualquier proyecto puede modificarse. Aquí confluyen varios factores: una oferta potente, dudas sobre el futuro competitivo del equipo y, sobre todo, un evidente desgaste interno con parte de la plantilla y del entorno. El técnico entiende que su etapa está agotada y decide marcharse.

Pero había un problema: tenía contrato en vigor.

Por eso necesita al club. Necesita que Orlegi Sports facilite la salida. Y ahí aparece un elemento clave de toda esta historia: la dirección deportiva tampoco estaba satisfecha con el rendimiento del entrenador. Las alineaciones incomprensibles, los bandazos tácticos y una gestión del vestuario cada vez más discutida habían deteriorado mucho su posición dentro del club.

Así que la situación termina beneficiando a ambas partes. El entrenador quiere irse y el club tampoco ve mal cerrar la etapa. El siguiente paso era sencillo: construir un relato público que evitase incendiar todavía más el ambiente.

Y ahí llegaron las ruedas de prensa. Mensajes medidos, palabras ambiguas y mucho teatro institucional. Cada parte intentando proteger su imagen ante una afición cansada de decepciones.

Porque sí, Orlegi Sports ha cometido muchos errores desde su llegada al Sporting. Probablemente demasiados. Pero en esta ocasión no parece haber dado el primer paso. La decisión nace antes en el técnico que en el club.

Y aquí entra el debate emocional. Borja tiene todo el derecho del mundo a aspirar a mejorar profesional y económicamente. Como cualquier trabajador. El problema no es querer crecer; el problema es hacerlo mientras se mantiene un discurso público que ya no se corresponde con la realidad. Ahí es donde gran parte de la afición siente que ha habido una traición.

Porque las frases sobre “la grandeza del club”, “la Mareona”, “la historia” o “el sentimiento sportinguista” pierden valor cuando los hechos apuntan en dirección contraria. El fútbol vive también de credibilidad, y cuando esta se rompe, el vínculo con la grada se deteriora rápidamente.

A partir de ahí, la continuidad en el banquillo parece incluso absurda. En cualquier proyecto estable y coherente, un entrenador cuya salida ya está decidida difícilmente debería seguir liderando al equipo en un momento tan delicado.

Y es ahí donde aparecen ya los nombres que parte de la afición reclama: un técnico con carácter, serio, capaz de imponer orden, hablar claro y reconstruir un vestuario que da señales evidentes de fractura.

Porque más allá de nombres propios, el gran problema del Sporting vuelve a ser el mismo: la sensación de deriva. Deportiva, institucional y emocional.

Y cuando un club histórico entra en ese terreno, recuperar la confianza de su gente se convierte en el desafío más difícil de todos.


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Loren Castro Martinez

Director de Radio Sporting® Freelance

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