El Sporting que se aleja de su gente
Una decisión que duele más de lo que cuesta. Lo de estos días no es solo un debate sobre 22 euros o sobre 15 o sobre una partida presupuestaria.
Es algo bastante más profundo. Es esa sensación incómoda, cada vez más presente, de que el Real Sporting de Gijón empieza a mirar a su gente… sin entenderla.
La reunión con UNIPES lo ha dejado claro. Había una oportunidad. Una de esas que no arreglan todo, pero sí rebajan el ruido, enfrían el enfado y, sobre todo, lanzan un mensaje: “os hemos escuchado”.
La propuesta era razonable: bajar el suplemento a 15 euros. No era una victoria de la afición. Era un punto intermedio. Un gesto. Algo.
- La respuesta fue no
- Pero no solo a eso
- También a estudiarlo.
- También a buscar alternativas
- También a buscar alternativas
- También a buscar alternativas
- También a intentar, al menos, aparentar que había margen
Y ahí es donde esto deja de ser una decisión económica para convertirse en otra cosa.
La peligrosa distancia
Porque cuando todo es no, lo que queda es una sensación muy difícil de digerir: que la decisión estaba tomada desde el principio y que nada —ni el enfado, ni las protestas, ni las propuestas— iba a cambiarla.
Y eso es lo que empieza a preocupar de verdad en esta etapa con Orlegi Sports.
No es solo el qué. Es el cómo.
Es esa forma de gestionar donde el número pesa más que el pulso de la grada. Donde el Excel tiene más fuerza que el sentimiento. Donde se habla de comunidad… pero se actúa sin ella.
Y eso, en un club como el Sporting, no es un detalle menor. Es tocar algo muy sensible.
No es dinero, es lo que representa
Hay quien intentará reducir esto a una cifra a que 22 euros no son tanto, a que el fútbol es caro. A que hay que sostener el club.
Pero cualquiera que conozca mínimamente al sportinguismo sabe que esto no va de eso.
Va de la gente que lleva años apretándose el bolsillo.
De los que no fallan, incluso cuando el equipo no responde.
De los que han pasado demasiadas temporadas en Segunda sin bajarse del barco.
Va de familias, de rutinas, de una forma de vivir el fútbol que no entiende de decisiones frías en el momento más caliente.
Y por eso duele, porque la sensación que queda no es la de un esfuerzo compartido. Es la de una imposición.
Decepción, no enfado
El enfado es inmediato. Se grita, se escribe, se protesta.
La decepción es otra cosa. Es más silenciosa. Más peligrosa.
Es la que hace que alguien, por primera vez en años, se plantee no ir.
La que enfría el ambiente.
La que rompe poco a poco ese vínculo que parecía indestructible.
Y eso es lo que está en juego aquí.
No los 22 euros.
Ni siquiera el partido ante el Deportivo de La Coruña.
Es algo más difícil de recuperar: la conexión emocional entre el club y su gente.
Un camino que invita a preocuparse
Lo ocurrido en esta reunión no es solo un episodio aislado. Es un síntoma.
De una forma de hacer que empieza a generar dudas.
>De una distancia que, si no se corrige, puede ir a más.
De una deriva en la que el Sporting corre el riesgo de dejar de parecerse a lo que siempre fue.
Y eso sí que sería una pérdida irreparable.
Porque el Sporting no se entiende sin su gente.
Pero, cada vez más, hay quien empieza a sentir que su gente no se está entendiendo dentro del Sporting.
Y cuando eso pasa… ya no estamos hablando de fútbol. Estamos hablando de algo mucho más serio.
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