Son pocos, pero son los nuestros
Como cambian las cosas en Gijón en menos de 15 días.
El viaje de vuelta a casa de muchos después del partido ante el Andorra estuvo marcado por el enfado y la desesperación que supuso no poder tumbar a un recién ascendido con su preparador físico al frente de la dirección de campo.
Sin embargo, la obra de arte de Gelabert y la solvencia demostrada en el periplo por tierras vascas, hacen pensar en que quizás se pueda meterle mano al Valencia en Copa del Rey, aunque el míster aleccionó a sus pupilos para demostrar, de puertas para afuera, que el partido importante “de verdad” es el de Butarque.
Quizás los jugadores que mejor ejemplifican el cambio de dinámica del equipo son Queipo y Curbelo. El canterano, acostumbrado a los silbidos del respetable gijonés, rompió a llorar después de ser ovacionado y sus lágrimas, de alguna manera, sirvieron para recordar a muchos que es uno de los de la casa. Por su parte, el central canario apuntaba a seguir en segundo plano, mientras los últimos meses de su contrato se consumían entre lesión y lesión. Sin embargo, Borja Jiménez vio en él la clave para poder empezar a defender hacia adelante y su clínic defensivo ante el Granada fue una buena muestra de ello. Ahora solo queda cruzar los dedos en cada acción para que su físico resista.
Es inevitable hablar del buen momento rojiblanco sin detenerse en César Gelabert. Nacido en Palencia, pero esa relación especial que guarda con Gijón, hace que todo el mundo le considere un “playu” más.
No es la primera vez que pone patas arriba al estadio más antiguo del fútbol español, y estoy seguro que no será la última, pero esta fue diferente. Ese derechazo fue una demostración de que este equipo está vivo y quiere luchar por todo.
El gran responsable de la ilusión contenida, que estalló en El Molinón con el gol del “10”, es Borja Jiménez. Asier Garitano acabó agotado después de remar con un barco a la deriva hasta el puerto de la salvación, no quiero pensar que hubiese sido de este club sin su intervención, y el abulense recogió su testigo para pensar en cotas más altas. Su perfil bajo a veces no encaja con la actitud “grandona” que define al sportinguismo, pero su lista de detractores está completamente vacía. Como se suele decir, lo que dice Borja “va a misa”.
El mercado invernal está a la vuelta de la esquina y ya empiezan a sonar nombres sin parar, no podían faltar algunos que ya son clásicos de la cultura rojiblanca como Karrikaburu.
Algunos creen que hace falta un extremo izquierdo, otros dirán que un lateral, la necesidad de delantero vuelve locos a la mayoría… Sin embargo, lo mejor que puede pasar es que los dirigentes utilicen el sentido común, o lo poco que quede de él después del regreso de Caicedo y otras operaciones que irán directas a la leyenda negra del club. Los que vengan, que vengan convencido del reto que supone jugar en Gijón y que tengan claro que la exigencia será máxima.
De momento, toca esperar y disfrutar del buen momento que se atraviesa. El resultado de Butarque y el rendimiento ante el Valencia pueden dejar un sabor de boca magnífico para pasar unas navidades muy tranquilas, no obstante, tampoco marcarán un antes y un después en la temporada. A una muy mala, estarás a un partido de entrar en play-off y habrás caído contra un histórico del fútbol español en Copa del Rey, aunque siempre apetece seguir viendo a los chavales dar sus primeros pasos con “los grandes”.
Resulta paradójico que después de todo lo malo que se ha dicho de la plantilla, parece que llegas al parón invernal más vivo que nunca. Esta plantilla tan corta genera sensaciones encontradas, por un lado, siempre parece que nos falta algo, pero, por otro, abre puertas a chavales que llevan grabado el adn del club. En resumidas cuentas, son pocos, pero son los nuestros.
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