Los nuestros
Todos queremos más y mejor, todos vemos mercados, equipos y fichajes de un lado y del otro, vemos los aciertos y los errores, pero ahora toca estar con los nuestros.
El Sporting de Gijón ya ha cerrado su mercado de fichajes y, como siempre, deja un sabor agridulce. Por un lado, se han incorporado futbolistas de calidad que generan ilusión: César Gelabert, Dubasin, Pablo Vázquez, Óscar Cortés o Perrin. Refuerzos que elevan el nivel, aportan talento, físico y alternativas ofensivas que el equipo necesitaba. Hay motivos para estar satisfechos.
Pero al mismo tiempo, la sensación es que se ha quedado a medio camino. Faltó ese delantero centro de referencia, ese jugador capaz de marcar diferencias arriba. Y también faltó el lateral izquierdo que estaba en los planes de Asier Garitano y que incluso había sido confirmado públicamente. La explicación es clara: el esfuerzo económico, especialmente el sobrecoste de última hora en la operación Gelabert, dejó sin margen al club para completar esas piezas.
La afición lo ve y lo siente. El sportinguismo no es ciego y sabe dónde están las carencias. Pero también sabe que este es el grupo con el que se va a competir hasta enero. Y ahí nace la reflexión que titula este artículo: estos son los nuestros.
Garitano lo dijo con claridad: “No somos candidatos a nada”. Es un mensaje de prudencia, de realismo, que puede sonar frío pero que tiene todo el sentido. El entrenador ha encontrado un vestuario serio, trabajador, sin quejas. Un grupo que, pese a sus limitaciones, se entrega cada día. Y ahora necesitan lo que solo el Molinón puede dar: apoyo incondicional.
Criticar lo que no se hizo en los despachos es justo. Señalar que se dejó escapar un lateral o un nueve es necesario. Pero más justo aún es recordar que los que saltarán al césped cada fin de semana son los que están, los que vestirán la rojiblanca, los que sentirán la presión de jugar ante 20.000 personas. Y lo que menos necesitan ahora son dudas desde la grada.
El mercado de invierno será clave. En enero habrá que escribir la carta a los Reyes Magos y pedir lo que agosto no trajo. Pero hasta entonces, toca empujar todos en la misma dirección. Porque si algo ha demostrado el sportinguismo a lo largo de su historia es que cuando la afición aprieta, el Sporting se multiplica.
No hay fichajes que sustituyan al calor de El Molinón. No hay delantero ni lateral que pueda igualar la fuerza de un estadio volcado con los suyos. Y en eso, el Sporting juega siempre con ventaja.
Así que sí, se puede y se debe criticar lo que falta. Pero al mismo tiempo hay que abrazar a este equipo, creer en su trabajo y recordar que el Sporting siempre fue más grande cuando lo acompañó su gente.
Porque esta temporada puede traer alegrías, decepciones, goles, errores y victorias. Pero lo que no puede faltar es lo más importante: la unión entre la grada y el césped.
Al final, lo que nos queda siempre son ellos: los nuestros.
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