Zapatero a tus zapatos
ORLEGI Y EL RIESGO DE CONFUNDIR EL PROYECTO CON EL ENTRENADOR.
La sensación que deja la información publicada este martes es clara: Orlegi Sports ha convertido la llegada de Nicolás Larcamón en una cuestión casi estratégica. Y ahí empieza precisamente el problema.
Porque una cosa es apostar por un perfil concreto y otra muy distinta condicionar buena parte de la planificación deportiva a una negociación larga, compleja y económicamente exigente con un entrenador que, hoy por hoy, ni conoce el fútbol español ni garantiza absolutamente nada en una categoría tan salvaje como Segunda División.
El artículo deja entrever algo preocupante: el Sporting está dedicando una energía enorme a cerrar una operación que estuvo “al borde del colapso”, con diferencias económicas importantes y con un técnico que llega desde una posición de fuerza. Y cuando un club como el Sporting entra en ese terreno, normalmente acaba pagando más de lo que debería.
No es un detalle menor.
Porque el Sporting no está precisamente en una situación de abundancia como para convertir el banquillo en el centro absoluto del proyecto. La prioridad debería ser otra: mejorar una plantilla que volvió a demostrar este año sus carencias estructurales, especialmente en calidad ofensiva, profundidad y personalidad competitiva.
Sin embargo, la impresión es que Orlegi corre el riesgo de caer en una idea muy moderna pero tremendamente peligrosa: pensar que el entrenador puede arreglarlo todo.
Y la Segunda División española lleva años demostrando justo lo contrario.
Ascienden los equipos equilibrados, los que tienen fondo de armario, contundencia en las áreas y jugadores diferenciales. No los que presentan al técnico más exótico o al discurso táctico más sofisticado.
Larcamón puede ser un entrenador interesante. Nadie discute eso. Tiene cartel en México, buena prensa y un perfil que encaja perfectamente en la visión corporativa de Orlegi: moderno, metodológico, analítico y alineado con la estructura del grupo. Pero precisamente ahí aparece otra duda legítima: ¿se está fichando al mejor entrenador para el Sporting o al entrenador que mejor representa el modelo de Orlegi?
Porque son cosas muy distintas.
Y el riesgo de este tipo de apuestas es evidente. Si para traer al técnico elegido hay que hacer un esfuerzo económico importante, aceptar condiciones elevadas y convertir la operación en una prioridad absoluta, inevitablemente se termina restando margen a otras necesidades mucho más urgentes.
- La plantilla necesita inversión.
- Necesita talento.
- Necesita gol.
- Necesita jerarquía.
Y sobre todo necesita dejar de depender de reconstrucciones eternas cada verano.
El problema no es Larcamón. El problema es la sensación de que el club vuelve a construir empezando por arriba, por la idea, por el relato y por la figura del entrenador, cuando el verdadero salto competitivo del Sporting sigue estando sobre el césped.
Porque en Segunda División los proyectos no se sostienen con discursos modernos ni con presentaciones atractivas. Zapatero a tus zapatos.
Se sostienen con futbolistas capaces de ganar partidos.
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