El sistema nervioso de JF

A punto de concluir esta semana horribilis para el sportinguismo, la indignación de los aficionados sigue sin reflejarse en los protagonistas de esta película de miedo. El director de la cinta, Joan Francesc Ferrer ‘Rubi’, se atrincheró hace bastantes jornadas (desde el Alavés) en un discurso repetitivo al más puro estilo de mañana empiezo dieta. Las buenas intenciones y las grandes palabras se suceden una y otra vez, pero sobre el campo siguen los mismos vicios que han llevado al Real Sporting hasta los barros del descenso.

RubiLa satisfacción que muestra el míster catalán con el rendimiento de la plantilla, que no con los resultados, hacen preguntarse si acaso ambos factores no deberían ser inseparables en el deporte profesional. El fútbol del siglo XXI es despiadado y la hoja de resultados es hoy la única memoria que cuenta realmente, por lo que frases como “merecimos más de lo que conseguimos”, dicha por Rubi tras el fiasco contra el Espanyol, poco tiene que ver con una disciplina en la que el actual campeón europeo consiguió su título en penaltis. A mucha distancia queda esa declaración de la realidad de un equipo que depende exclusivamente de que esta sea la permanencia más barata jamás vista.

El “ganar o no ganar” hamletiano es sentido también por los seguidores, cuyo estado anímico está por los suelos. Lejos del terreno de los buenos deseos, el aficionado rojiblanco solo puede ser satisfecho con buenos resultados o, más bien, con victorias ante equipos de tabla baja, con ninguna aspiración y que además no se juegan nada.

RubiLa indignación y sobre todo el cabreo llegan estos días a picos de hace tres años. No parece ser esa la percepción que tenga Rubi, que frase tras frase demuestra la frialdad o quizás la falta de reflejos de su propio sistema nervioso, que le impide conectar con el pesimismo que inunda calles y redes, que demandan un golpe sobre la mesa. Puede ser, también, que el listón está muy alto en cuanto a afectividad del banquillo se refiere. El tacto de dos ya históricos, Preciado y Abelardo, que encarnaron por momentos el orgullo de la ciudad, ha creado un vacío sentimental en El Molinón, difícil de llenar por cualquier técnico venidero.

Ojalá el problema de comunicación fuese solo unidireccional, desde el club al exterior. Visto el hacer de los jugadores en el campo, ese no es el caso y hay dudas sobre su falta de empatía con las instrucciones del entrenador. Desconociendo el impacto que el coach deportivo Richi Serrés tiene en el equipo, la falta de confianza es palpable. No debe ayudar un sistema que ha variado tantas veces en 16 jornadas, que la incertidumbre es su principal característica. Futbolistas que pasan, en una semana, de la grada al verde y viceversa, y que no tienen muy claro cosas tan básicas como quién debe lanzar las faltas.

@aguspalacio

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