Mi árbitro favorito

Los errores arbitrales son parte de la historia del fútbol, unos te condenan y otros te dan títulos. La sombra de la sospecha de intencionalidad o “persecución” son el día a día de cualquier tertulia futbolística.



Foto: Laliga

Voy a ir un poco contracorriente de lo visto, hablado, leído y escuchado del partido en el Carlos Belmonte, ya que considero que el Sporting fue perjudicado con decisiones arbitrales que conllevan que el encuentro terminara en tablas. Por supuesto que no voy a entrar a valorar que Mariño sacó una mano salvadora en los últimos minutos, o que Djurdjevic falla un mano a mano, o que el intento de chilena lo manda a la grada, errores humanos de cualquier partido, sin mencionar tampoco el “despiste” de Cofie en el primer minuto del partido de Copa. Todo ello forma parte de un partido de fútbol, salvo excepciones muy contadas, cada gol de nuestras vidas viene acompañado de un error del rival de turno, un portero, un defensa o un topo que pasaba por allí, absolutamente todos los goles pueden tener una lógica explicación por parte de quien lo recibe, y son pocos o muy pocos, los casos en los que entrenadores, jugadores, aficionados, directivos o periodistas, juzgan la intención del que comete el fallo, provoca un penalti por no llegar a tiempo, hace una falta innecesaria o agrede a un compañero con le consiguiente perjuicio a su equipo.




Pero todo esto cambia radicalmente cuando nos referimos a los colegiados, esos tipos esenciales en el fútbol que no tienen presunción de inocencia, esas personas que están una semana previa al encuentro correspondiente pensando en sus casa a quien van a joder el fin de semana, esos profesionales que forman una conspiración judeo-masónica para perjudicar a según que equipos y beneficiar a otros, en fin injusto.
Hace años, será la edad, que dejé de ajusticiar y “maltratar”  a los árbitros, quizás porque lo que intenté hacer es aprender un poco más de su trabajo, que bajo mi opinión es sin duda lo más complicado de hacer dentro de un terreno de juego, un trabajo en el que el acierto es lo justo y el error la prevaricación, sin medias tintas, puede hacer un buen arbitraje durante 89 minutos y cometer un error de bulto en el 90 y dejar así contentos a unos y cabreados a los otros, sumando a ello las frases históricas como: “vaya robo”, “van a por nosotros”, “juegan con doce”, “nos quitan puntos”…y así podríamos estar todo el día.

Desde que el pasado verano el VAR entró en nuestras vidas creíamos que venía a solucionarnos la papeleta (nunca más iba a pasar nada) y tras muchas discusiones previas, nos dimos cuenta que la tecnología venia a ayudar al estamento y lo hace sí, pero claro otra vez la interpretación humana forma parte de las decisiones, una ayuda sin más para mejorar el fútbol, siempre y cuando en la liga que sigues lo haya. Nada ni nadie es perfecto, ni una imagen, ni los cinco técnicos que lo operan, ni si quiera el reglamento lo es, ¿por qué le exigimos al árbitro que lo sea?. Hubo un tiempo en el que tenía claro que los colegiados eran “bichos raros”, me parecía extraño no conocer a alguno, me resultaba chocante ver como eran personajes casi ficticios y es cuando tomé la decisión de aprender de arbitraje. Dos profesionales del fútbol en esa parcela me/nos enseñaron que vivimos en un bucle constante (en el fútbol y en la vida), de buscar la culpa en lo de fuera y no mirar para casa, nuestro amado deporte está colapsado de gente que no sabe lo que hace, de ineptos que son incapaces de hacer tareas sencillas al alcance de todos y sin embargo actuamos como auténticos demagogos para justificar que un error nos hace perder un partido, puntos o la gran final.


El Sporting sale perjudicado por una decisión, mala decisión visual del asistente de Luis Mario Milla Alvendiz, más una decisión peyorativa en una clara mano en el área del Albacete, mañana puede que toque al revés, se equivocó y nada más, no le demos vueltas, posiblemente yo me esté equivocando en este momento. Mi árbitro favorito es justamente el siguiente que nos toque muy a pesar de que en estos momentos esté conspirando buscando la forma de que en Mestalla seamos los perjudicados, con VAR o sin él, que ya sabemos de algunos que ni con la “maquinita” están contentos. Personalmente yo que el club, trasladaba a la RFEF mi ánimo a los profesionales que intentan día a día que nuestro fútbol sea mejor, o tal vez ¿cambie de discurso en unos meses?, según el aire.

Loren Castro

@lorensinmas 

 

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