Sin plantilla no hay paraíso

Sin plantilla no hay paraíso

El Sporting atraviesa una situación que, por desgracia, ya no sorprende a nadie. Temporada tras temporada se repite el mismo patrón.

Una plantilla mal confeccionada, fichajes cuestionables y una planificación deportiva que parece más fruto de la improvisación que de un proyecto serio y sostenido.

Lo más preocupante es que, a estas alturas, sigue sin asumirse la verdadera raíz del problema. No es cuestión de entrenadores. No lo fue con Garitano, ni lo es ahora con Borja Jiménez. Ninguno de los dos puede hacer milagros con lo que tiene entre manos. Porque, sencillamente, como decía mi abuela, “de donde no hay, no se puede sacar”.

Una plantilla sin nivel para la categoría

El nivel individual de muchos jugadores está lejos de lo que exige una Segunda División cada vez más competitiva. Falta calidad, intensidad, carácter y profundidad. No hay fondo de armario, y los pocos futbolistas capaces de marcar diferencias no pueden sostener solos el peso del equipo. Cada lesión o sanción deja al técnico sin alternativas de garantías, y la sensación es la misma cada jornada: el Sporting compite con lo justo, cuando no con menos.

Fichajes que no aportan y los que no llegan

El mercado de verano fue, una vez más, decepcionante. Los fichajes que debían elevar el nivel no lo han hecho, y las posiciones clave siguen sin reforzarse adecuadamente. Se prometió una plantilla equilibrada, competitiva y adaptada al estilo del nuevo entrenador, pero el resultado ha sido todo lo contrario: una plantilla corta, descompensada y sin variantes.

Y lo que es peor, la “dirección deportiva” fue incapaz de dar salida a jugadores que no contaban o que no tienen el nivel, bloqueando así movimientos y salarios que podrían haberse destinado a incorporaciones de mayor nivel.

Las posiciones eternamente olvidadas

Hay carencias que ya forman parte del paisaje sportinguista. Temporada tras temporada, el club arrastra los mismos agujeros sin encontrar solución. El lateral izquierdo y la delantera son los ejemplos más evidentes. Desde hace años, el Sporting no logra cubrir esas posiciones con jugadores de nivel suficiente para aspirar a algo más que la media tabla. Lo más sorprendente es que, pese a ser las carencias más claras y repetidas, cada verano se afronta el mercado sin priorizarlas o con soluciones de parche. Ni llega un lateral fiable que aporte equilibrio defensivo, ni un delantero con gol y presencia que marque diferencias en la categoría. Son dos posiciones clave en cualquier equipo competitivo, y el Sporting lleva demasiado tiempo ignorándolas.

Mareo ya no es lo que era

Durante décadas, Mareo fue el orgullo del sportinguismo, una fábrica de talento reconocida en toda España. De sus campos salieron futbolistas que marcaron época y dieron identidad al club. Sin embargo, esa esencia se ha ido perdiendo. Hoy, la cantera atraviesa un momento de estancamiento preocupante: no salen jugadores realmente preparados para dar el salto al primer equipo, y los pocos que lo hacen rara vez se consolidan.

El problema no es solo la falta de nivel, sino la pérdida de criterio en la gestión de la base. Se renuevan jugadores sin proyección, más por rutina que por convicción, mientras otros jóvenes con potencial se estancan o se marchan sin oportunidades. Mareo, que debería ser el motor del Sporting, se ha convertido en un reflejo más de la mala planificación general: un proyecto sin rumbo, sin exigencia y sin resultados visibles.

Los verdaderos responsables

El discurso oficial volverá a apuntar al banquillo. Se dirá que falta intensidad, que el equipo no tiene automatismos o que no se está sacando rendimiento a los jugadores. Pero los hechos son tozudos: ni Garitano antes ni Borja ahora disponen de los mimbres necesarios para competir con garantías.

Los verdaderos artífices de este despropósito son los de siempre: el comité deportivo, que son los que diseñan, año tras año, una plantilla deficiente. Son los mismos que permanecen en sus puestos (aunque sea cambiando de despacho) pese a los fracasos acumulados, los que prometen proyectos ambiciosos y acaban entregando temporadas mediocres. Y sin olvidarnos de la propiedad.

Las declaraciones del presidente ejecutivo, David Guerra, asegurando que “el Sporting estará cerca del objetivo con la fuerte inversión en verano y el impulso de los canteranos”, suenan a un déjà vu que el sportinguismo ya no compra. Es el mismo discurso de cada pretemporada, lleno de promesas huecas y frases hechas que no se sostienen en los hechos. Si realmente hubo una fuerte inversión, nadie la ha visto sobre el césped. Y si el “impulso de los canteranos” es el argumento para tapar las carencias estructurales de la plantilla, entonces el problema es aún más grave: se sigue confundiendo ilusión con planificación. El Sporting no necesita vendedores de humo, ni discursos triunfalistas, sino autocrítica y una dirección deportiva que deje de vender humo y empiece a construir un equipo competitivo de verdad.

Un club que se repite a sí mismo

El Sporting lleva demasiado tiempo viviendo de la nostalgia, sin afrontar la realidad con autocrítica y valentía. Se cambia de entrenador, se renuevan discursos, pero el fondo no se toca. Mientras no se produzca una auténtica regeneración en la gestión deportiva, el club seguirá atrapado en el mismo bucle: ilusiones de verano, decepciones de invierno y resignación primaveral.

Porque en el fútbol, como en la vida, no se puede construir nada sólido sobre cimientos podridos.

A estas alturas, la mejor solución para el Sporting pasa por un cambio en la propiedad. El Grupo Orlegi ha demostrado, con hechos y no con palabras, que su modelo de gestión no funciona en el fútbol español. Su método, basado en fórmulas importadas y una visión empresarial alejada de la realidad competitiva de nuestra liga, ha chocado de frente con la idiosincrasia del club y de la categoría. Lo más sensato sería dar un paso al lado y vender el equipo a unos nuevos propietarios que lleguen con una inversión real, un proyecto serio y un conocimiento profundo del fútbol nacional. Gente que se rodee de profesionales con criterio, que devuelvan a Mareo su papel como cantera de referencia y que reconstruyan la identidad deportiva que este club nunca debió perder.


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Jorge Hurlé

Experto en Protocolo Deportivo y Organización de eventos. Delegado en Asturias de la Asociación Española de Protocolo. Colaborador de Radio Sporting y RTPA. Socio del Real Sporting de Gijón

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