Ni cantera ni cartera

En la antesala de la visita al nuevo San Mamés no puedo evitar sufrir de envidia sana o nostalgia de lo que pudo haber sido el Sporting de los “guajes”. Sobre todo una vez ascendidos recuperando el puesto que merece por historia nuestro Sporting, el mismo que se empeñan en devaluar o menospreciar para convertirlo en su “salón de juegos” particular, esa empresa en la que Fernández hace las prácticas de buen empresario y entendedor de un sentimiento, que si bien, no puedo medir, si al menos puedo discrepar.

Jugamos contra el Athletic en un momento complicado, ante un equipo hecho, con ese carácter del norte que le hace un rival exigente y correoso, pero centrémonos en los que es el Athletic para los suyos.

La tradición guia sus pasos, quizás carente de más títulos, pero con la firme idea de competir con los que considera sus jugadores. Salidos de Lezama y sin entrar a valorar otros aspectos, el Athletic compite con todos y contra todos desde hace 119 años cumpliendo así una de sus directrices más sagradas, hasta tardaron un siglo en “profanar” su camiseta con publicidad, o que alguien les diga que “lo más normal del mundo…o no hay nada de malo” a la hora de cambiarle el nombre a su estadio.

Cierto es que me equivoco en todo esto, tradición, historia, valores…no son SAD y defienden estos sentimientos los que por derecho los sienten, su afición y no las leyes, no se apoyan “en la más estricta legalidad”, para llevar a cabo sus fines, ¿verdad Javier Fernández?. No es culpa suya de que estas leyes existan en el fútbol, pero sí de ampararse en ellas para hacer de una gran institución su cortijo particular. Suerte para los de Bilbao poder decir aun que el Athletic les pertenece.

Envidia sana es la que siento oír el rugido del estadio, como una afición lleva en volandas al equipo, en las malas, en las peores, en las buenas, pero siempre, no cuando tocan generala ni cuando se hace un llamamiento, desconozco si aparte de no dejar fumar, tienen prohibidas las pipas también.

En definitiva, mientras aquí permitimos sacrilegios deportivos, como destruir un equipo con mimbres de poder ser historia, un grupo convencido de lo que eran y orgullosos de lo que defendían, tanto que contagiaban a los recién llegados haciéndoles cómplices de su tesón, unos jugadores comprometidos que demostraron en el peor momento, que por una vez no es todo dinero en el fútbol. Una generación que necesitaba el amparo de sus dirigentes para apuntalar sus carencias y fortalecer sus cimientos. Unos guajes “made in Mareo” con suficiente casta, entrega y lucha para hacer del Sporting aquel que vencía por los campos de España y el de su cantera, de la que surgian valores. A día de hoy tenemos dos mareonas, la que va a desplazarse a San Mamés fiel y confiada, y la de Mareo-na, que es la que prima.

Despedimos a unos, damos la bienvenida a otros, lloramos como los nuestros son presentados lejos de aquí y nos mantenemos impasibles, y lo que es peor, rendidos ante tal humillación, a la que incluso gente del lugar, nacidos en Gijón perpetran en sus despachos. Una ausencia total de proyecto serio de querer pensar en un futuro próximo, una humillación que desacredita la imagen que se quería dar, lo que la convierte en mentira, un deterioro de prestaciones que se ampara en el pago de la deuda, lo que lo convierte en timo y sobre todo una mediocridad absoluta disfrazada de humilde que no hace más que anteponer el “bienquedar” al bienestar.cantera

Disfrutad del partido y recordad que nuestro rival de mañana es rival 90 minutos, después se queda en ejemplo, como lo son sus vecinos de Vitoria, o como lo son en Vigo, equipos y dirigentes que nos pasaron por la derecha hace ya bastante tiempo. Recordad también que no está de más pedirnos a nosotros lo que pedimos a los del prao, darlo todo, coraje, lucha y sacrificio, que con ello, los resultados, llegarán.

Loren Castro

@lorensinmas

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