Gato rojiblanco no caza ratones

Un Sporting en la UCI sigue sin arañar puntos al novato Leganés, debutante en Primera que saca las vergüenzas en Gijón

 Por Agustín Palacio (@aguspalacio) 

Beneficiado por la sangría de puntos que desde el inicio de la liga ha presidido la parte baja de la tabla, el Club Deportivo Leganés se encuentra ahora ante la posibilidad de conseguir la primera permanencia de su vida.

Los capitalinos han rascado 9 puntos de 33 disputados en las últimas 11 jornadas. Dos victorias y tres empates han sido suficientes como para mantenerse a distancia del Real Sporting, que pese a su conquista del estadio de Butarque y de la diferencia de goles, apenas ha ganado terreno en la persecución. Ha sido un equipo cigarra, derrochador de esfuerzos en partidos grandes como el del pasado día ante el Real Madrid, pero incapaz de ir sumando contra adversarios asequibles. A cinco puntos de la presa pepinera, el club gijonés vuelve a afilar los dientes ante una nueva jornada de la marmota en la que, otra vez, se buscará  recortar ventaja y “recuperar la confianza”(previa sesión de coaching), en el trigésimo tercer episodio de esta comedia.

Por mucho que la buena suerte regrese este sábado en Pamplona, no queda sino animar, como un aficionado más, a todos y cada uno de los rivales que jueguen contra los de camiseta blanquiazul: Villareal, Las Palmas, Eibar, Betis, Athletic y Alavés. Los enfrentamientos caseros con canarios, béticos y vitorianos ya se perciben como caramelos, al ser oponentes con poco o nada por lo que luchar en liga, más si cabe cuando el Alavés estará pensando en la final de Copa del Rey contra el Barcelona. Ver veremos.

La lucha en el alambre entre Leganés y Sporting trae a colación varias paradojas, reflejo de la gestión realizada desde Mareo a distintos niveles. En el deportivo, se puede dar fe que el delantero titular del Lega, Miguel Ángel Guerrero, es uno de los nuestros. Fue clave en el ascenso rojiblanco y luego descartado por el cuerpo técnico en verano. Pese a su baja cuenta de goles este año (3) y las críticas consecuentes, su entrega actual da pie a preguntarse si no hubiese tenido cabida en El Molinón. Su propio entrenador Asier Garitano afirmaba que “sin delanteros currantes como él descenderían”. El juego gris de novedades esportinguistas como Borja Viguera y Lacina Traoré ayudan a levantar dudas sobre la viabilidad de un Guerrero rojiblanco este curso, posible complemento o refresco de atacantes más goleadores como Čop y Carlos Castro. Una incertidumbre más no resuelta que se une a la larga lista de interrogantes sobre la plantilla, que como una bomba inteligente explotarán en la opinión pública a finales de mayo. De acuerdo a la letra pequeña y como suscribía La Nueva España la pasada semana, 22 jugadores tienen contrato para 2018. Una más que probable limitación para la futura planificación deportiva.  

Mientras la cesión invernal de Mikel Vesga y su importancia servían para disimular el nivel de los jugadores del Mónaco recién llegados (je suis Gijón), en el Sur de Madrid apuntalaron su once. Mermados por lesiones y, como reconocía su director deportivo, con problemas incluso para tener efectivos en los entrenamientos, han tenido un respiro con la llegada en enero de defensas como Tito y el internacional griego Siovas. Complementos a una plantilla que cuenta con un aspirante a mejor jugador joven de Europa, Adrián Marín, la verticalidad del centrocampista Szymanowski (5 goles este año y 13 en Segunda) y la contundencia defensiva del capitán Mantovani. También el fichaje de Nabil El Zhar, traído para aportar creatividad ofensiva, ha dotado de más funcionalidades a la máquina.

En claro paralelismo con la historia reciente de Abelardo, el Lega sufrió una tremenda racha negativa que le impidió conocer la victoria en el ecuador del curso. Seis derrotas y cinco empates desde noviembre a febrero pudieron hacer pensar que el míster Garitano estaba amortizado, que el hombre que subió al conjunto desde Segunda B a Primera en tres años estaba visto para sentencia. Con diferente desenlace al capítulo final del Pitu, tanto el entrenador blanquiazul como su directiva tenían fe en el proyecto y nadie se movió del sitio. Cabe suponer que los jugadores también les dieron motivos para creer y esa actitud se transmitió a los seguidores. Y es que solo hay que escuchar estos días el programa de radio local Hora Blanquiazul para darse cuenta de la confianza depositada en el compromiso del equipo, no carente de críticas constructivas y siempre con la alarma esportinguista activada en el móvil.

La interacción del club con la afición y su política de comunicación es otra de las cosas que envidiar. Con un estadio de apenas 10.954 asientos y unos residentes físicamente próximos a los colosos que habitan en la capital, en Leganés han apostado por mensajes que pasan por ser realistas, pero que no ocultan su ambición. “Seremos ambiciosos porque es lo que nos ha llevado a estar en Primera. Podemos competir contra cualquier equipo”, decía su entrenador antes del partido contra el Real Madrid. Tras el 2-4 final, reconocía con orgullo herido que recibir cuatro goles “le fastidiaba bastante, por muy bueno que fuese el rival”. A este perfil competitivo se le une la honestidad que se pudo ver en aquel cartel promocional de “La liga del culín” (la del culo de la tabla), días antes del choque ante el Sporting. Cosas así plasman la identidad humilde de una institución coherente con su propio relato, al que le faltan páginas de grandeza en 89 años de vida. Poco tiene que ver, como hemos visto desde septiembre, con los mensajes sobre “un grupo de amigos” de Gijón, que va por los campos de España a hacer lo que puede. Eslóganes que poca justicia pueden hacer a la cantidad de almas que en su día celebraron y, que hoy añoran, una grandeza que sí fue.

 

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